Tejiendo futuro: la visión de Anabel de la Cruz para una moda con sentido

Diseñadora de moda social, Anabel de la Cruz lleva más de quince años trabajando junto a pueblos indígenas del Perú para construir una moda ética, colectiva y profundamente conectada con el territorio. Hoy, su trabajo ha sido reconocido con una nominación a los Premios Luces 2026.

Dónde comenzó todo

Hay historias que comienzan en una pasarela. La historia de Anabel de la Cruz comenzó debajo de una máquina de coser.

Antes de saber que existía la moda, ella ya escuchaba el sonido rítmico de una Singer de pedal: tac, tac, tac. Mientras el pedal subía y bajaba, observaba a su madre transformar telas en vestidos. Ese fue su primer recuerdo del acto de crear.

En ese pequeño espacio doméstico entendió algo que marcaría su vida: las manos pueden crear algo que luego abrazará el cuerpo de otra persona.

También veía a su madre tejer con otras mujeres del barrio. Compartían saberes, aprendían juntas y buscaban formas de sostener sus hogares a través del oficio. Sin saberlo, esa escena cotidiana sembró la base de lo que años más tarde sería su trabajo con mujeres artesanas de diferentes pueblos del Perú.

Hoy, cada vez que viaja a una comunidad amazónica y observa a mujeres hilar, bordar o teñir fibras naturales, reconoce esa misma energía creativa.

Una moda que nace del diálogo

Cuando Anabel decidió estudiar diseño de moda, descubrió rápidamente que su camino dentro de esta disciplina sería diferente.

Con el tiempo entendió algo que transformó profundamente su mirada: ella no llegó a la moda por la moda. Llegó a la moda por la vida.

Durante su formación académica también aprendió a cuestionar muchas prácticas de la industria. Comprendió que la palabra “inspiración” muchas veces ha sido utilizada para tomar elementos culturales sin pedir permiso o sin reconocer a quienes originaron esos saberes.

Por eso decidió cambiar su metodología.

Dejó de inspirarse y comenzó a conversar.

Sentarse, escuchar, aprender y quedarse el tiempo suficiente para comprender el significado profundo de los textiles, las materialidades y las vestimentas tradicionales.

Porque para muchas comunidades, la indumentaria no es solo estética.

Es pensamiento, cosmovisión, identidad y memoria.

 

Moda social: una práctica colectiva

Anabel se define como diseñadora de moda social, un concepto que amplía la manera en que entendemos el diseño.

En lugar de centrarse únicamente en la prenda final, su trabajo considera todo el ecosistema que la hace posible: las mujeres portadoras de conocimiento, el territorio, los materiales, los procesos y las historias que habitan en cada pieza.

Durante más de quince años ha trabajado junto a pueblos indígenas y originarios del Perú, incluyendo comunidades Shipibo-Konibo, Asháninka, Awajún, Ese Eja, Matsigenka, Yanesha, Iskonawa, Urarina, Ashéninka, Quechua y Aymara.

Cada encuentro ha sido también un aprendizaje.

Las mujeres artesanas le enseñaron que el diseño no comenzó en las escuelas de moda. El diseño ya existía mucho antes, en los saberes transmitidos de generación en generación.

Le enseñaron que cada material tiene su tiempo y que el bosque no es un recurso, sino un sistema vivo que sostiene la vida.

 

Diseñar no es rescatar saberes

Uno de los principios que guía su trabajo es claro: Los saberes no necesitan ser rescatados. Necesitan ser respetados.

Por eso su práctica se basa en la co-creación y la reciprocidad. En lugar de imponer una visión externa, busca construir procesos colectivos donde diseñadores y artesanos puedan trabajar en diálogo y equilibrio.

Desde su proyecto Amaru, ha liderado procesos de desarrollo de colecciones, creación de marcas comunitarias y exposiciones internacionales en ciudades como París, Londres, México, Burdeos y Nueva Guinea.

También ha impulsado iniciativas como:

  • Cartografía para una moda sostenible en el Perú

  • Guía para una moda ética y sostenible

Proyectos que buscan generar herramientas concretas para transformar la relación entre diseñadores y comunidades artesanas.

 

Aprender del territorio

A lo largo de los años, el territorio se ha convertido en uno de los maestros más importantes de su práctica.

La relación con mujeres Shipibo-Konibo y otras comunidades amazónicas transformó profundamente su manera de entender el diseño.

Ellas le enseñaron que las materialidades que utilizan —fibras, tintes naturales, semillas y plantas— forman parte de un sistema de conocimiento complejo que conecta arte, medicina, espiritualidad y territorio.

Ese aprendizaje cambió su forma de crear.

Hoy su práctica es más horizontal, más regenerativa y más consciente de los tiempos de la tierra y de las comunidades.

 

El futuro de la moda peruana

Cuando se le pregunta cómo imagina el futuro de la moda en el Perú, su respuesta es clara:

Un futuro donde las comunidades no sean proveedoras invisibles dentro de la cadena productiva, sino socias creativas y económicas.

Un sistema donde el valor cultural sea reconocido y remunerado justamente.

Actualmente trabaja en un proyecto llamado Materialidades para una moda sostenible y regenerativa, que busca fortalecer el reconocimiento de los conocimientos textiles y promover relaciones más justas dentro de la industria.

 

Una nominación que reconoce un camino

Después de años de trabajo silencioso junto a comunidades artesanas, el trabajo de Anabel ha sido reconocido con su nominación a los Premios Luces 2026.

Para ella, este reconocimiento no representa solo un logro personal.

Es también una oportunidad para visibilizar el valor del diseño social y el conocimiento de las mujeres artesanas que han sostenido durante generaciones las materialidades y los saberes textiles del país.

Como ella misma señala:

“Durante años he aprendido más de lo que he enseñado. Esta nominación también pertenece a todas las mujeres que comparten su conocimiento y su tiempo.”

 

Slow Fashion World:

amplificando voces en la moda

En el marco de Slow Fashion World Conscious Talks (abril de 2024), el trabajo de Anabel de la Cruz formó parte de una exposición que celebró la creatividad y el compromiso de los pueblos originarios del Perú.

En esta ocasión, Anabel participó a través de sus prendas, que forman parte de la exhibición y reflejan su proceso de co-creación con comunidades artesanas. Sus piezas representan años de colaboración, aprendizaje mutuo y respeto por los conocimientos textiles ancestrales.

“Más que mostrar piezas de diseño, este espacio busca contar las historias detrás de cada prenda: las manos que tejen, los territorios que inspiran y las culturas que transmiten conocimiento a través de generaciones”

- Mariel Jumpa, Fundadora de Slow Fashion World

 

Inspirando a agentes de cambio

El trabajo de Anabel también ha inspirado a agentes de cambio dentro de la industria de la moda y la sostenibilidad, como Ester Xicota, experta en sostenibilidad y negocios, co-fundadora de Metidas de Pata, Un evento tipo stand-up testimonial donde profesionales confiesan sus mejores fracasos laborales..

Sobre su trabajo, Xicota señala:

“Anabel es una fuente de conocimiento basada en su experiencia. Ha contribuido a hacer visibles y orgullosas a artistas originarias que han sido silenciadas y marginadas. Personas que hoy vemos como líderes y referentes.

Es una de las personas que conozco más implicadas en hacer que el conocimiento ancestral sea visible, valioso para las comunidades y alineado con su territorio. Su misión va por delante de su marca, que es un vehículo de expresión y visibilización de estos artistas.

Perú no significaría lo mismo para mí si no te hubiera conocido.”

Evento: Metidas de Pata | www.metidasdepata.com 

 

Apoya su nominación

La nominación de Anabel de la Cruz a los Premios Luces 2026 – Mejor Diseñador del Año representa una oportunidad para visibilizar una forma diferente de entender la moda en el Perú.

Una moda que escucha, respeta y crea en diálogo con los territorios y las comunidades.

Si crees en una moda con sentido, puedes apoyar su trabajo votando aquí: elcomercio.pe/premios-luces/

Porque el futuro del diseño no se construye solo en las pasarelas. Se construye en comunidad.

Y, sobre todo, se construye con las manos.

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